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TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Todos los trastornos de la conducta alimentaria : obesidad, anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, pica compulsiva... utilizan la comida de forma enfermiza para expresar un conflicto emocional. Es decir, el sustrato en que se nutren todos estos trastornos alimentarios es el campo afectivo, luego toda persona que tiene problemas con la comida tiene problemas afectivos.

La comida es sólo comida , nada más y nada menos que comida. La comida es fuente de energía y salud, pero, cuando la utilizamos para enmascarar o sustituir nuestros estados de ánimo, no sólo no solucionamos nada, sino que añadimos un grave problema al que ya teníamos.
Los psicólogos hablamos de que los seres humanos tenemos dos tipos de hambre: el hambre bucal y el hambre estomacal .

  • El hambre estomacal es el hambre propiamente dicha. Es decir, la necesidad de ingerir alimentos para recargar energía.
  • El hambre bucal es la necesidad de llevarse algo a la boca para intentar paliar un estado de insatisfacción emocional.
    Curiosamente, el hambre bucal se va a inclinar hacia alimentos salados o dulces según el tipo de carencia emocional. Por ejemplo: cuando a Gema, una joven de 22 años, la dejó su novio, siempre que veía por la calle una pareja de enamorados se lanzaba a la primera pastelería que encontraba para comprar algún bollo. En esos momentos, Gema añoraba los momentos "dulces" en los que compartía caricias y ternura con su novio. Para intentar compensar esa carencia, comía cosas "dulces".
    Por otro lado, cuando la vida de las personas se vuelve rutinaria, sin alicientes ni ilusiones, decimos que falta "la sal de la vida", que la vida se ha vuelto sosa, gris, sin interés, aburrida. Adivina qué es lo que se va a comer... Efectivamente, cosas saladas.

También podemos encontrar en una misma persona la tendencia a comer dulces y cosas saladas, según el momento. Si se aburre, comerá cosas saladas; si se encuentra sola o necesitada de afecto, tenderá a las dulces.

El resultado viene a ser el mismo: la obesidad o el sobrepeso acompañados de sentimientos de culpa y/o inseguridad.

Sin embargo, el otro extremo de la obesidad en el espectro de los trastornos alimentarios es la anorexia y la bulimia nerviosa , en las que el resultado final es una extrema delgadez altamente peligrosa. Podemos encontrar dos tipos de anorexia: la restrictiva y la purgativa .

En la anorexia restrictiva , van reduciendo las dosis de comida hasta llegar a no comer nada o casi nada.

En la anorexia purgativa , pueden comer aparentemente cantidades normales y utilizar laxantes o vomitar para eliminar todo aquello que han comido. También pueden darse atracones para inmediatamente vomitar (bulimia).

El trasfondo emocional es, para las personas que padecen estos trastornos, la necesidad de sentir que controlan algo en sus vidas. Suelen ser adolescentes muy perfeccionistas tendentes a obsesionarse con obtener siempre unos resultados brillantes. Según van creciendo, se van exigiendo más. Entonces empiezan a tener miedo a crecer y hacerse adultos porque creen que no podrán seguir con ese esfuerzo. Controlar la comida les da la sensación de "poder". Ya que no pueden controlar las exigencias del mundo adulto, controlan sus propias necesidades alimenticias.

En el caso de los vómitos, son claramente agresivos. A veces, esas agresiones van dirigidas contra ellos mismos porque se sienten indignos o culpables. En otras ocasiones, hieren con los vómitos a los padres.

La mayoría de las niñas (la proporción es de un varón por cada nueve chicas) que padecen trastornos de la conducta alimentaria han sido niñas modélicas, muy dúctiles, muy buenas, nada respondonas, que encuentran una vía de expresión de sus hostilidades con la manipulación de los alimentos.

Cada vez que Verónica, de 15 años, se enfadaba con sus padres, buscaba el momento para darse un atracón y luego vomitaba. No era capaz de decir lo molesta, dolida o decepcionada que se sentía con ellos. Entonces expresaba su agresividad hiriéndoles con sus vómitos.

¿Cómo aprendemos este erróneo comportamiento?

Cuando un bebé llora, la mayoría de las veces tendemos a acallar ese llanto metiéndole algo en la boca. Puede ser agua, leche o el chupete.

Al mismo tiempo, recibe caricias, abrazos y palabras de consuelo, recibe, por tanto, atención y así debe ser. No obstante, ese mensaje queda grabado en nuestras mentes y, cuando de adultos padecemos conflictos que nos superan, evocamos inconscientemente aquella seguridad y confort que percibíamos a través de la boca y recurrimos a ello de forma enfermiza.

Además, en nuestra cultura, celebramos todos los eventos alegres y placenteros con comidas: cumpleaños, bodas, bautizos, comuniones, navidades, reencuentros... Y asociamos comida con alegría, felicidad, compañía. Esto en sí no es en absoluto negativo, todo lo contrario. El problema es que las personas que sufren obesidad o anorexia hacen una asociación equivocada y pretenden que la comida les cubra sus carencias.

Paula, una mujer de 48 años que padecía obesidad mórbida, comentaba: «La comida es el amigo que nunca te falla, siempre está ahí, " estoy sola y dolida, mi única satisfacción es comer". Sin embargo, luego se sentía culpable sabiendo que su obesidad era limitadora en muchos aspectos. Le impedía moverse con agilidad, encontrar trabajo, encontrar pareja y un largo etcétera.

Para salir de este círculo infernal, no queda más camino que aprender a disociar comida de estado de ánimo . ¿Cómo hacerlo? Es más sencillo de lo que parece: sólo requiere que, con constancia, pongas en práctica las pautas que siguen:

  • Cada vez que vayas a comer algo, plantéate si es hambre bucal o hambre estomacal. El hambre estomacal surge cuando llevas algunas horas sin comer y necesitas, por tanto, alimentos. La sensación surge en el estómago, no en el cerebro.
  • Si se trata de este tipo de hambre, disponte a ingerir los alimentos masticando lenta y profusamente. De este modo, irán bien triturados al estómago y te saciarás antes y mejor, evitando así problemas digestivos.
  • Procura no saltarte ninguna de las comidas: desayuno, comida y cena.
  • Si lo necesitas, añade un ligero tentempié a media mañana (una fruta, un yogur, una zanahoria, unos pocos frutos secos) y algo de merienda a media tarde (igualmente ligera).

Ahora bien, si lo que sientes es hambre bucal, plantéate qué sentimiento está detrás :

  • Si estás aburrido, escribe una lista de cosas que te guste hacer: leer, jugar a las cartas, hacer solitarios, hacer pasatiempos, manualidades, ver la tele, charlar...
  • Si estás triste, piensa que comer no te va a quitar la tristeza: es preferible que te des permiso para expresar tu tristeza.
  • Si estás solo, escríbelo y luego rompe el papel en mil pedazos.
  • Si estás enfadado, analiza tu ira, exprésala en voz alta (sin gritar) o coge una toalla y empréndela a toallazos con el sillón hasta que notes que estás más sereno. Y así con cada uno de tus estados de ánimo.

Paula ha perdido ya 40 kilos disociando la comida de los conflictos emocionales. Todavía no ha resuelto todos sus conflictos, pero ha aprendido a no crearse un problema aun mayor mediante el sobrepeso.
Tú también puedes conseguirlo:

 " sé paciente contigo mismo y persevera. ¡Los resultados merecen la pena!"

Margarita Rojas

 

 

 

 
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