Con frecuencia se une adolescencia a conflicto, a situaciones límites, a etapa difícil, a crisis en la relación padres/ hijos, a bajón en el rendimiento escolar…
La adolescencia, para muchas familias, significa el inicio de una auténtica pesadilla; casi de la noche a la mañana sus hijos muestran una serie de conductas, en bastantes casos extremas, que dejan sin recursos a muchos padres sorprendidos; padres que terminan sintiéndose impotentes ante una avalancha, o una etapa, para la que no estaban preparados.
En las consultas de psicología, y en los gabinetes de orientación, se ha producido un incremento muy significativo en los últimos años, en el número de familias que acuden a pedir ayuda o consejo, para tratar de reconducir la situación, en muchas ocasiones dramática, que viven en sus casas.
Ante estos hechos, muchos progenitores se preguntan si la adolescencia es tan complicada. Algunos principios básicos, nos ayudarán a “situarnos” ante las vivencias y circunstancias que rodean al adolescente.
Es importante que los adultos recordemos que con el inicio de la pubertad, en el ámbito biológico se produce un estallido de reacciones endocrinas, que favorecen la aparición de los caracteres sexuales secundarios (menstruación y desarrollo mamario en las chicas y producción de esperma y aumento de la pilosidad en los chicos). Pero este estallido además provoca un cambio en todas las relaciones del niño consigo mismo y con su entorno. Las hormonas van a adquirir un gran protagonismo, de tal forma que en muchas ocasiones serán las que tomen las riendas del comportamiento de los adolescentes.
En su desarrollo intelectual, destaca la potenciación del sentido crítico. Este hecho ocasionará muchas dificultades en las relaciones familiares. Surge una falta de reconocimiento de la autoridad, que les hace cuestionarse todas las normas establecidas por los adultos. Debemos entender que les falta la experiencia vital, lo que les lleva a defender posturas muy rígidas y extremas, y hace que desarrollen un sentido idílico de la justicia .
Su mundo se amplía. La familia pierde protagonismo a favor del grupo de los amigos. Necesitan marcar una diferencia con la etapa anterior en la que se los protegía y cuidaba, ahora “ya son mayores” y todo lo que antes admiraban de sus padres, pasa a ser juzgado y criticado. No obstante, no debemos confundirnos, a pesar de su aparente rechazo, todavía nos necesitan y precisan de nuestro cariño y comprensión.
Su identidad está en crisis. Ellos se sienten débiles y en muchas ocasiones sacrifican sus decisiones y preferencias personales, en función de lo que el grupo tolere; si todo el grupo fuma o lleva determinada indumentaria, también ellos tienden a hacerlo, para no quedar apartados.
Ante estos hechos, ¿qué podemos hacer los adultos? . En primer lugar tranquilizarnos. Es importante que superemos el miedo; ese miedo que en muchas ocasiones condiciona nuestras conductas y nos lleva a situaciones de difícil salida.
Ya exponíamos en el libro " El NO también ayuda a crecer" (1) , que había una serie de reglas de oro, que nos serían de gran utilidad en esta etapa.
Mª Jesús Álava Reyes
PSICÓLOGA |