A los adolescentes les cuesta asumir los límites que tanto necesitan, y que los ayudan a situarse y a conocer cuáles son sus derechos y sus obligaciones. En el fondo ellos saben que los límites les dan seguridad y confianza, pero se debatirán entre su rebeldía y la autoridad que siguen necesitando, hasta el punto que si no la encuentran en sus padres la buscarán fuera de su familia y se identificarán con algún líder, seguramente poco positivo, que se convertirá en su guía.
Aquí, los padres y los adultos en general deberán enfrentarse a situaciones poco agradables, donde su seguridad será clave, para ayudar al adolescente a superar estas crisis; nada peor en estos momentos que las vacilaciones, que las tentaciones de ceder y ceder para no vivir momentos difíciles, y consentir en todo, con la excusa de que el chico/a se sentirá fatal si le niegan lo que pide; será necesario distinguir entre necesidades y caprichos. El adolescente se mostrará insaciable, querrá comprar y comprar cosas, pedirá más y más dinero y, salvo que cortemos desde el principio, nos habremos metido en una dinámica donde tendremos todas las papeletas para perder”.
- Los niños aprenden por modelo, los padres somos sus modelos a imitar, por eso hay que mostrarse seguros, con confianza sobre lo que estamos haciendo o diciendo; de esta forma les trasmitiremos seguridad y credibilidad.
- Necesitan que potenciemos sus habilidades y mitiguemos sus defectos. No podemos centrarnos sólo en los éxitos y fracasos escolares, pues estos serán una parte de sus vidas, pero no lo único importante.
- Los padres intentarán seguir la misma línea, no mostrarán conductas y actitudes contradictorias, especialmente delante del adolescente.
- Cuando estén en plena discusión o estallido, no será el momento de dialogar con ellos. En estos casos el lenguaje verbal sirve muy poco, incluso en muchas ocasiones es contraproducente. De nuevo aquí intentaremos mostrarnos tranquilos, firmes y seguros con los gestos.
Mª Jesús Álava Reyes
PSICÓLOGA |